Contrapartida
Lanzarse de bruces en probar un perfume sin red a su interior conlleva un coste. A veces demasiado alto. Especialmente en aquellos casos cuando sumergirse en una composición que resulta insípida - tras esperar, según lo vendido, una fragancia que desnuda, seduce y descoloca - es era sinónimo de caída brutal. Lo era; cada vez cuesta menos recuperarse de la decepcionante expectativa, de entender que el aplauso “gremial” esconde su propio interés y que el negocio prima al arte. Aún así, no deja de sorprender, porque todo amante del perfume que se respeta exige su quid pro quo perfumista. Estamos hartos de perfumes de barreño, de composiciones perezosas y repetitivas, de perfumistas que, para alcanzar el éxito, tiran sus mods a manos de quiénes pagan más. Esperamos encontrar perfumes que nos reten, nos remuevan, que amplíen la mirada y alarguen la comisura de los labios. De ahí la importancia de probar, a pesar de la saturación del mercado, las redes, de los actores de segunda...









